por las mañanas,
la gente mareada,
entra a la ducha,
se masturba con la lucha,
del agua cae
las cañerias que nos tientan
a meternos en un viaje de ida,
como el que día a día
hacemos hacia la oficina,
en trenes subtes o autos,
y en ellos,
la gente se coge de dorapa,
se aprietan agolpan,
se manosean con caras tiezas,
con morisquetas de tiza,
y las ruedas avanzan
hacia el comienzo de la jornada,
y en los cubiculos,
se culean de dorapa,
por atras y por adelante,
pero por sobre todo por atrás,
para que el dolor las incline,
y que la gente avance
sobre cabezas doblegadas,
alzandose hasta el pedestal pederasta,
de los jefes y azafatas,
volando hasta la pelada
de sus miembros desiertos,
repletos con viagra,
y la gente se olvida
que la cogen de dorapa,
un sopapo y a la cama,
y una vez en ella,
las esposas cogen de dorapa
a los espejos de sus plebellos,
con vellos en las axilas y aroma a espinaca,
casi al dormir,
nos acordamos
de toda la gente que cagamos
y cogimos hasta el abismo
de nuestras mentes retorcidas,
de aserrian estopa y
estepas pasadas,
como las pasas de uvas
que tenemos por genitalia,
hasta italia el diego
nos cogio por la membrana
y la brisa se eleva,
se contagia la mirada,
totalmente empobrecida,
entorpecida por las pastillas
que tomamos para olvidar
la carroña de personas que somos
y de tanto soñar
las fantasias se dilapidan
depilando pestañas
de superficies
exploradas
y cantos serenos
hasta el alba
viernes, 22 de julio de 2011
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