se le opone mediante contornos poco definidos,
se encuentra lo que realmente no quise albergar
dentro de mi verdad.
El resplandor de su tactil división y reunión
me trajo recuerdos de los viajes perpetrados
dentro de los fotones. Un pasaje que a mi
entender sólo unas pocas y dilatadas
entropías se animan a rociar sobre su
dinamismo. El pestañar se tornó de un
momento al siguiente no momento en
una trabajosa metáfora de los derretimientos
bajo causas injustificadas de lujuria.
Pisar aquel incierto teorizar
me contrajo hasta el hito donde
no era más que un sangriento cordón.
Y estos viajes astronáuticos sólo
pueden remitirme a ello,
al retorno a la fetal fatalidad.
El grito fue de color naranja
ésta vez.

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