miércoles, 10 de marzo de 2010

Photobucket

















La entrada a la caverna
ha sido interceptada por mi mirada.

Admiraba como ella abría sus ancas
para que yo sorbiese de su manar manantial.
Mediodía calcinante, preámbulo del
cotidiano deambular.



Photobucket



Caverna,
fuego averno evaporado;
contínuo, como alado.

Las sombras danzaban en ella,
se proyectaban dionisíacas
bramando que provenían
de un vástago del sol.

Sol idílico;
ilícito solsticio
de un copular profundo y vago.
Mordidas sórdidas y sonoras,
sondando lo profundo de
todo aquello que pretenden
ignorar.



Photobucket



Caverna,
lugar del cual han desertado los vientos
inhibidos por la percepción de poder;
ahuyentados por la intuición
de un próximo corromper.

Sequedad en los labios y en el pensar;
Oquedad albergante de discipulos
libres de todo pasar.

Si, plantados de pies y libertad;
ellos, anclados, proclaman su marchar,
pero ni avanzan ni se han de quedar,
sus cuerpos pronto los desentenderan.



Photobucket



No mirar, no mirar, girar, tornar.
Torniquete sideral.
Anillos de saturno a los cuales esposar.

Comprados en un libro con leyes,
parábolas, e hiperbolas literarias
a las cuales abrazar;
se encuentran las máximas que tragamos
sin salivar.



Photobucket



Batallas desgarradas en proyectores de cine
que emulsionan emisiones de emociones
practicadas a su contraluz, promulgando
pantomimas comulgadas en el cuerpo
que se tiende tiernamente sobre la
arena sacrificada a su desplegar de entregas
samaritanas, marítimas, e invasiones
bárbaras agarrotadas; aporreadas
contra las eclosiones de amarronadas
proyecciones de mapas para guiar
al karma hacia su próxima figura
zoodiacal.



Photobucket



Trazando elípticas epilepcias,
la turbulencia de los zumbidos
elaboran raudas líneas que delimitan
puntualmente punteados los contornos
del no retorno.
Mas mis órbitas se aventuran
en aquel sonido ausente.
Ellas, copernicanas,
fueron destinadas a la hoguera
de la ignorancia, avalanzadas
por un sin fin de rostros sin
temperamento.
Témpanos, tapados tímpanos
de las hipnóticas campanadas.
Hipócritas voces avanzan sobre
corceles a todo galope,
empuñando espadas amputadoras
de sabiduría y blandiendo seños
de cabezas amputadas de futuro.



Photobucket



Luego del estrépito,
el frío se me tornó intangible.
Allí donde me topé con tantas
figuras talladas a hielo de corazón,
era donde más podía respirar a placer.
Al costado del corazón, la marca
de la puñalada de la paz,
al costado del hemisferio
motriz, el diapasón de
mi propia voz.

Mirando con la cabeza
en pleno exorcicio,
pude saborear como
los ejércitos alados
eran en realidad aliados
del blanco por aparecer.
Él los recibía tal
cuan portaviones
a sus sónica
primogenia,
librandose de la labrada
destinación al asco y el pudor.



Photobucket



Donde kurosawa soñó con túneles,
mis ojos elaboraron cavernas.
Las tropas del primero
son las envestidas aladas
de la mía. Mas, los puntos azulados
se tocan en sus extremos como
cintas de moebius.
Las orugas de los tanques
simulan su mismo vector,
elevando tangencialmente
su falo de metal, disparando
semillas que sólo terror sembraran, y,
es hasta el horizonte del universo,
donde se oíran los murmullos
de la extinsión de la humanidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario